Medio siglo es mucho

Medio siglo es mucho. Si hablamos de personas supone rebasar el ecuador de una vida pero para un periódico acumular años es sinónimo de duración y permanencia. Este improvisado silogismo augura para 'La Verdad', en su 50 aniversario, una larga esperanza de vida entre los cartageneros. Una longevidad fruto del trabajo riguroso de generaciones de periodistas antes curtidos al amparo de máquinas de escribir y hoy absorbidos por la pantalla de un ordenador.

Han cambiado los medios y también la forma de ejercer. Seguramente Pepe Monerri, el periodista más veterano en ejercicio del periódico y hoy cronista oficial de la ciudad, no podría intuir cuando llegó a la primera delegación del periódico en la calle San Francisco que sus crónicas podrían leerse en un teléfono móvil, evidentemente no intuiría ni la propia existencia de los móviles. Tampoco hubiera imaginado al antiguo Hospital Naval y el Cuartel de Instrucción de Marinería llenos de estudiantes de una universidad de pura cepa cartagenera o una ciudad abierta al mar recibiendo la visita de miles de turistas y que la historia de la vieja Cartagonova sería sacada a pasear cada septiembre de la mano de las fiestas de Carthagineses y Romanos.

Son ejemplos de la evolución consustancial al paso del tiempo. Unos cambios contados, relatados, fotografiados y discutidos desde las páginas de 'La Verdad'. 50 años de grandes acontecimientos y pequeñas historias que han dejado su huella en la historia de Cartagena porque fueron seguidas por la mirada de sus redactores y fotógrafos. Miles de noticias, reportajes y crónicas surgidas desde las teclas de una máquina de escribir, envueltas por el humo de apurados cigarrillos y enviadas hasta los talleres para ser engullidas por la rotativa.

Para muchos cartageneros ha sido el único medio con el que informarse lo que nos dice del alcance social e histórico de su divulgación en la ciudad. Para conocer lo que sucedía a su alrededor cuando no se podía hablar y escribir libremente. Como dicen algunos testimonios, hay familias en las que los más pequeños aprendieron a leer con 'La Verdad'.

Estos 50 años de vida del periódico nos revelan también curiosas coincidencias. La delegación de Cartagena se abrió cuando el tranvía desapareció del paisaje urbano y cinco décadas después sus páginas cuentan su reaparición como un proyecto viable de transporte moderno y sostenible. Y han transcurrido 50 años para ver transformada la petroquímica Repsol en Escombreras en un nuevo complejo industrial, el más importante en cuanto a inversión en la historia de España.

Ahora las nuevas tecnologías han proporcionado un acceso inmediato a la información, un conocimiento también más plural por la facilidad de deslizarse por lo que cuentan y dicen muy diferentes medios. Hago mía una frase del que fue el primer delegado del periódico, Antonio González Conejero, quien decía hace unos días desde estas páginas que ahora «el periodismo es igual pero no es lo mismo».

Desde los soportes actuales o los que puedan venir espero que 'La Verdad' siga formando parte de la vida cotidiana de Cartagena, que deje testimonio de lo importante y lo trivial y que siga comprometida con el futuro de una ciudad en la que lo mejor está por venir.