Aquellos años cincuenta

AQUELLOS AÑOS  CINCUENTA

Años 80. Vida cotidiana en la Cartagena de hace tres décadas. Calle Santa Florentina . :: LV

Septiembre del 59. O finales del verano del 59, como prefieran. Con o sin canción del verano de marras, la suerte estaba echada. V. Luis Agudo, el flamante y joven capitán de la vieja nave informativa de 'La Verdad', hacía solo unos meses que había tomado las riendas del encargo para el que fue enviado por La Editorial Católica: reflotar esa vieja nave que hacía aguas y que amenazaba con irse a pique. Y una de sus primeras decisiones fue, precisamente, atracar en el histórico puerto de Cartagena. Primer movimiento sobre el nuevo tablero periodístico de la Región: el inicio de un nuevo sistema para que los ciudadanos, en este caso los cartageneros, estuvieran más y mejor informados de lo que pasaba en su tierra, en sus industrias, en sus gentes de a pie o uniformadas, en sus deportistas…. Y en el resto de la Región, y de España, y del mundo… La fórmula, ya empleada en la prensa europea: ediciones especiales.

La base de Cartagena fue, en efecto, la primera. Y este escribidor, con bastantes más ilusiones y juventud que experiencia, el encargado de que el invento no fallara. Ahora lo puedo decir, a cincuenta años de distancia. Fue una aventura casi electrizante. Todo por hacer, todo por nacer, todo por crear, todo por esperar. Una ilusión diaria, unos medios casi inexistentes. Y unos hombres -siempre él/ella- que desde el primer instante se dejaron la piel en el intento, con el inestimable apoyo de «la central».

Como es natural, al viejo lobo de mar periodístico que era Manolo Carreño, a la sazón propietario y director del vespertino 'Noticiero', no le hizo mucha gracia el 'desembarco'. Pero la lucha por el mejor servicio y la supervivencia había comenzado. Desde entonces, se sucedieron los esfuerzos y los desvelos. Y la aparición de sujetos vivos que hacían cada día más viva la tarea. Y los recuerdos se desgranan como de la fruta madura. Y allí estuvieron, en primera fila Juan Campos de Miguel, padre, que ostentaba la distribución de toda la prensa nacional y regional. Para mí fue como un padre y quiero dejar constancia de ello ahora, aunque a lo peor es demasiado tarde. Y sus hijas, Angelita y Cari. Y Pepe, su yerno. Y Pepito, el chaval que ayudaba en las tareas de las frías madrugadas a desempaquetar los envíos y entregarlos a los repartidores. Y estos, que cada día iban madrugando más, porque veían que los trabajadores de la Bazán, de la Española, de la Refinería, del Arsenal, cada mañana demandaban más el periódico. Sin poder olvidar tampoco la marcha del sempiterno burgomaestre Miguel Hernández y la llegada a la alcaldía de otro joven luchador, jurídico de la Armada, gallego pero cartagenero que se hizo por razones de estado marital y profundo convencimiento, Federico Trillo Figueroa, vecino de la franciscana plaza. Y el magnífico Pepe Serra, su también joven letrado y eficaz secretario particular, que siempre entendió la responsabilidad de los cargos y el respeto que se merecían…

Y la configuración, paso a paso, de la Redacción. Los corresponsales ejercientes, Vicente Bonet y el fotógrafo Juan Sáez, pronto se sumaron con agrado a los nuevos vientos. Y fueron llegando Juan Sáez, hijo, aventajado alumno de su padre. Y Guillermo Jiménez, casi con pantalón corto, pero que a su corta edad, ya era una auténtica enciclopedia del deporte en general y del balompié en particular, como ha demostrado hasta hoy…. Y Ricardo Díaz Manresa, entusiasta y conocedor en profundidad de la fiesta taurina, entre otras de sus muchas diversidades periodísticas. Y Pepe Monerri, que fue como el cordón umbilical de esta criatura que acaba de cumplir el medio siglo de vida Y muchos más, importantes de esto de la pluma, como el propio académico Pérez Reverte, la incansable Tere González Adalid, Jose Luis Masiá, Ginés Conesa 'Tito', el incansable Pascual García Mateos desde La Unión…

Las 'batallas' por conseguir el alimento informativo no tuvieron tregua. Con los 'enemigos' Pepe de Jódar o Pepe Zarco tuvimos hasta la oportunidad de recibir a Franco y contestarle que por aquí, entonces, se leía poco…Y en el terreno deportivo ni les cuento las serenatas nocturnas esperando las migajas noticiosas de Herminio Campillo o Dionisio Martínez -¡qué querido, monárquico y singular personaje, que se hizo cargo del Cartagena para ascenderlo (como sea, que se diría ahora) y lo consiguió, aunque el se confesaba esencialmente taurino! Fue su primo Ginés el que le descubrió que cada partido ganado eran dos puntos y que el balón era redondo)…-

Y personajes de aquella Cartagena entrañable, como no se cansó de cantar y contar el sin par Isidoro Valverde, Casimiro Bonmatí, padre e hijo -al cual, hoy, postrado y abatido por la enfermedad, le tengo que enviar mi más entrañable abrazo- , Vicente Ros, Vicente García Marcos… El mentidero cultural de Alberto Colao, la bonhomía personal y artistica del inimitable unionense universal Asensio Sáez, los Escarabajal, el incansable Ruipérez…Siempre con Cartagena al fondo, su Historia, la grandeza y lo genuino de sus procesiones, de su forma de vida, en fín…

'Calle Mayor' fue el primer mirador que, a diario, se asomó desde las páginas cartageneras de 'La Verdad' para ir contando, como las cuentas de un rosario, los avatares menudos de las cosas menudas de cada día. Hoy, cuando todo o casi todo es recuerdo, dejo aquí constancia de estos amores periodísticos juveniles que, tal vez por ser los primeros, se me antojan y los quiero imborrables.

 

 


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