Escuela de periodistas

ESCUELA DE PERIODISTAS

Fuego. Una columna de humo en uno de los incendios que sufrió la Refinería de Escombreras en los años setenta. :: LV

Con Antonio González-Conejero empecé a colaborar haciendo críticas de cine, reportajes dominicales y algunas entrevistas. González-Conejero, que contaba con Juanito Sáez Manzanares como fotógrafo, dio paso a José Luis Masiá, que siguió la misma línea hasta que pasó a Murcia, ocupando su lugar Manuel Mira Candel, que estuvo ocho meses en Cartagena, marchando a Elda.

Al quedar vacante el puesto, González-Conejero -que se hallaba al frente de la de Alicante- y Masiá, propusieron al entonces director Venancio-Luis Agudo Ezquerra, que yo podría ser el delegado, compatibilizando mi profesión de abogado con la del periodismo. Y el 22 de marzo de 1968 me hacía cargo de esa responsabilidad, conociendo, desde sus comienzos, el funcionamiento de una delegación que ya estaba cimentada por la labor de los que me precedieron, entre los que también se encontraba un juvenil Guillermo Jiménez.

Poco después, 'La Verdad' en Cartagena se trasladaba desde la Glorieta a un segundo piso de la plaza de Castellini. Por allí pasaron, como fotógrafos Ramón García, Manuel Ruiz Cifre, Pedro Martínez y Damián. Y en septiembre de 1974, se incorporaba a la Delegación Antonio Martínez González, como ordenanza, hombre fiel y muy eficaz en su intensa labor. Eran tiempos heroicos, en los que había que llevar cotidianamente el sobre con la información mecanografiada y las fotos al coche de línea Cartagena-Murcia que a las 19.30 salía desde la plaza del Parque. Para las informaciones posteriores a esa hora era preciso usar el único teléfono que tenía la Delegación, informaciones que recogía el inolvidable Ramón Sánchez. Y las fotos, en un taxi.

De 'La Verdad' de aquella época recuerdo el espíritu de familia y compañerismo que se vivía con Antonio Crespo, el inefable Manuel Carles -que escribía unas formidables crónicas de fútbol saturadas de cultura y al que siempre he considerado mi maestro-, Evaristo Llanos, Eduardo Corbalán, Meseguer, García Martínez, José Carreres, Antonio Montesinos, García Raimundo y tantos otros incluyendo al fotógrafo Tomás y el ordenanza Plazas.

De mi larga etapa al frente de la Delegación, recuerdo la jornada en la que apareció por la plaza de Castellini un Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, que me lo enviaba su madre, María Dolores Gutiérrez Olivares, «una tarde, a la salida del colegio», dispuesto -según el mismo ha dejado escrito- «para hacerle compañía y aprender los rudimentos del oficio». ¡Qué decir de Arturo, tras su impecable ejecutoria periodística en frentes de batalla, de consagrado escritor a nivel mundial y de tener el honor de ser miembro de la Real Academia de la Lengua! No creo que todo eso se deba a «los rudimentos del oficio» en la breve etapa en el periódico en el que, eso sí, dio los primeros pasos hacia su admirable consagración. Su arrolladora personalidad y categoría intelectual le avalan. Y es que 'La Verdad' ha sido escuela de muchos principiantes.

El periodismo de aquella época, cimentado en el esfuerzo personal, se hacía en la calle, en los lugares públicos donde siempre surgía la noticia. Era una etapa en la que se buscaba dar 'el pisotón' a los demás medios informativos, una labor auténticamente vocacional, de entrega al servicio del ciudadano y de la ciudad. En ella sobresalen los acontecimientos que quedaron grabados indeleblemente en la memoria: el incendio de la refinería de petróleos, en Escombreras, del 1 al 10 de octubre de 1969, diez días intensos al pie del cañón, en los que 'La Verdad' tuvo el honor de aumentar notablemente su tirada diaria, logrando en la primera jornada siete ediciones, El otro, la Velada Marítima del 25 de julio de 1972, con el luctuoso accidente de la carroza 'Tajo', en plena dársena del puerto, que costó diez vidas, ante las miles de personas que, intensamente emocionadas, lo observaban desde el muelle comercial.

'La Verdad' ha estado siempre en la brecha, ocupando un lugar de privilegio entre los lectores cartageneros. Se hizo popular el dicho de que algo no era cierto… «porque no lo decía 'La Verdad'». Y «'La Verdad', con el paso de los años y con los relevos generacionales, sigue manteniéndose en vanguardia gracias al esfuerzo de periodistas y de hombres que viven su vocación de servicio a la ciudad y al lector.

Cincuenta años de la Delegación de 'La Verdad' en Cartagena, cuando el periódico ha rebasado el siglo, es un acontecimiento que respalda una labor bien hecha, con cariño y con profesionalidad. Es la pura verdad. Y, por ello, es justo que nos felicitemos con la promesa de seguir laborando ante el apasionante futuro que tenemos delante.