Periodismo de muchos quilates

Pienso en Cartagena y se me alegra el cuerpo. Me da buen rollo. Allí pasé dos años justos hace ahora una década, como delegado de 'La Verdad', y tuve la suerte de disfrutar en primera persona del espectacular despegue que ha protagonizado la ciudad en los últimos tiempos, y que este periódico ha ido relatando puntualmente; unas veces con emoción cómplice y otras de forma crítica, pero siempre al servicio de los lectores. ¡Siempre a sus órdenes, queridos lectores!

Me sorprendió la ciudad y me sorprendió el personal -¡un equipazo!- que trabajaba en un segundo piso de la calle Puerta de Murcia, un edificio histórico con vistas de lujo a las procesiones y al divertido hormigueo del centro urbano. Allí me encontré con un grupo de profesionales que ponía cada día en el papel periodismo ciudadano de muchos quilates: ni más ni menos que el que exige una comunidad de lectores que siempre se ha involucrado con pasión en los asuntos municipales.

Andrés Pastor, Gregorio Mármol, José Andrés Elgarresta, Guillermo Jiménez, José María Rodríguez, Antonio Gil, Pablo Sánchez... De todos aprendí algo, que se resume en unas cuantas máximas que forman parte del tuétano del periodismo: independencia, la sensibilidad a flor de piel para atrapar los asuntos que interesan a la gente y el gusto por contar bien las historias de cada día. Ese periodismo a pie de calle que aprendí en la Puerta de Murcia, ése que coge al vuelo las noticias frescas del día y mantiene una actitud vigilante con las instituciones, se sigue practicando hoy en 'La Verdad' de Cartagena, un periódico renovado en diseño pero que se reafirma a diario en su viejo compromiso con los lectores.

Mi inmersión cartagenera se completó con la ayuda de Antonio Martínez (un hombre orquesta en la recepción, el teléfono, el archivo, la administración...) y del gran José Monerri, que subía cada día a la Redacción para impartirnos una lección profesional y humana. Sus artículos, junto con los de Paco Mínguez y Mariano Roca, trazaban cada día una pincelada en el retrato del alma de la ciudad que dibuja 'La Verdad' de Cartagena desde hace medio siglo.

Y en la calle me encontré con una galería de tipos irrepetibles de todos los ámbitos que me hicieron entender y querer a Cartagena: Julio Mínguez, Paco Martín, José Luis Cegarra, Dora Catarineu, Tomás Martínez Pagán, Paco Henares, Manuel Pérez de Lema...

En fin, después de repasar batallitas me queda claro que lo que me gusta de Cartagena es que no para, que no se conforma -como 'La Verdad'-; que ahora, además, tiene el Arqua, calles peatonales, un Teatro Romano por fin excavado y visitable, el Efesé camino de primera... ¡y La Mar de Músicas, que no decae! ¿De qué será capaz Cartagena dentro de 10, de 25 años? Lo que es seguro es que se lo contará 'La Verdad'.