Velada Marítima sin retorno

Nace la Semana del Cine Naval con el Mariola como palacio
CAOS EN LA CAPITAL. La nevada caída sobre Madrid el pasado 9 de enero abrió la veda contra los meteorólogos. / JAIME GARCÍA
Cartagena se independiza. ¡Cuidado! Lo único que se independiza es la Guía de la Telefónica, que edita a bombo y platillo una exclusiva para sus abonados cartageneros. Otro signo de progreso más sano es el de que la ciudad ya cuenta con el primer riñón artificial, en la clínica del doctor Roche, aunque en la comarca sólo hay cuatro enfermos que lo necesitan y cuesta precisamente un riñón: 500.000 pesetas.
 
Lo que no progresa demasiado es la obra de la autovía a Alicante, que va a ritmo lento. En julio sólo trabajan ocho hombres y con esos calores. Meses antes comenzó la construcción del nuevo Colegio Marista, en el Ensanche, con una inversión superior a 50 millones. Mucho menos de lo que ha costado el Museo del Campo de Cartagena, en Pozo Estrecho, en local ocupado antes por una bodega. Posee siete salas en dos plantas. Allí pueden admirar carruajes, pisador de uvas, herramientas artesanales, una tartana y un dormitorio con dos camas.
 
La muy triste noticia de la muerte accidentada de diez personas llega la noche del 25 de julio, en las Fiestas del Carmen y Santiago, en la Velada Marítima, a modo de cabalgata nocturna por el mar, formada por barcazas transformadas en carrozas adornadas con luz eléctrica. Hacen su recorrido por la dársena hasta Santa Lucía. La barcaza Río Tajo, con 97 personas, no aguanta, vuelca y ahí arranca la tragedia, que se achaca a la imprudencia. Demasiados ocupantes. La mayoría de muertos no son por ahogamiento sino por golpes con hierros y maderas.
 
La vida sigue y nace la Semana Internacional del Cine Naval, en el Mariola como palacio; los 220 taxistas se plantean instalar en sus coches el aparato taxímetro; el Ayuntamiento estudia la urbanización de la Alameda y baraja sustituir los viejos y polémicos eucaliptos. También tienden a desaparecer los billetes del Banco de España utilizados durante la Guerra Civil, así que queman 100 millones de pesetas, trasladados en noventa y nueve sacas de 25 kilos al horno de la fábrica de cerámica frente a la Venta de Valero. Los billetes ya no valen, pero hay vigilancia policial por si algún chorizo no se entera.
 
Luciano Estrada, 65 años de médico rural, el más longevo en la provincia. Vive en Cartagena, instituyó la Cruz Roja en Alumbres y en Barrio Peral. Era ginecólogo y un día asistió a un parto, la madre no estaba casada y se presentaron varios individuos alegando que eran el padre. «Allí pasé yo lo mío», dijo Luciano.