Efervescencia cantonal

Diez mil personas piden la provincialidad ante el Palacio Consistorial
Diez mil personas se concentran pacíficamente el 17 de abril en la plaza del Ayuntamiento, tras la convocatoria de los cantonales, para pedir la provincialidad. Luis Ruipérez Sánchez dice tres días antes: «No queremos fomentar un antimurcianismo». En la concentración hablan los cabecillas José Bonnet, Marta Gómez, Ángel Lorente, Ruipérez, Carlos Romero Galiana y Julio Frigard. Fervor y efervescencia local al por mayor. En el mismo mes el Banco de España retira de la circulación mogollón de billetes con el rótulo estampado de Cartagena Provincia, al ser ilegal que exhiban propaganda, pero han funcionado clandestinamente varios sellos de caucho y el país ya conoce los vaivenes de los billetes marcados con tinta carmesí.
A todo esto, Luis Amante Duarte y otros dos dirigentes del Partido Carlista piden públicamente en la Casa de Cultura que la región la compongan dos provincias: Murcia y Cartagena.
Una pequeña embarcación almeriense atraca en el embarcadero del Real Club de Regatas, para refugiarse del temporal, y -¡oh, sorpresa!- en cinco minutos cambia de color: el barco, blanco, se convierte en negro ante el estupor de los tripulantes, por culpa de la acumulación de suciedad y grasas en la dársena. Mucho más claro es el propósito del alcalde Bernardo García-Pagán al remitir telegramas al nuncio apostólico de Su Santidad, monseñor Dadaglio, y a los cardenales Enrique Tarancón y Bueno Monreal, pidiendo en nombre de la corporación municipal que el obispo resida en Cartagena. Semanas después contesta la Conferencia Episcopal y aclara que el asunto no es de su competencia: apunta al Vaticano. Amén.
Sí es competencia de los ladrones llevarse lo que se llevaron un día del estanco de Aniceto (calle Comedias), aunque la noticia es que, al perpetrar el robo, se dejaron el dinero -cinco mil pesetas- y todo el tabaco rubio y negro del mundo. Los selectivos cacos sólo querían timbres (pólizas y sellos) por valor de 150.000 pesetas. Actúan a la hora de la siesta, por aquello de camarón que se duerme�
El almirante Javier Elizalde recibe el título de hijo adoptivo de Cartagena, vinculado a la ciudad desde 1939, y llega Juan Carlos Muñoz Delgado, el 102 capitán general de la Zona Marítima del Mediterráneo, que es tío de José María de Lara, hermano mayor de los marrajos.
Por 2.200 pesetas, precio de saldo, venden un cachalote de dos toneladas atrapado cerca de Escombreras por el pesquero José María. Lo trocean porque sesenta personas no pueden con él.