Cartagena, ciudad de alergias

Se quiera o no, Cartagena es una ciudad alérgica. No es cosa sólo de este año sino que el problema (contaminación ambiental al canto) arrastra lustros y lo que te rondaré morena. Pero (casi siempre hay un pero), sólo dos médicos especialistas atienden a los 12.000 pacientes alérgicos registrados en el Rosell. Los pacientes esperan entre dos y cinco meses para ser vistos por primera vez.
El que sí tiene alergia a los bancos es el concejal de Hacienda, José Antonio Piñero, quien asegura que la situación económica del Consistorio «todavía es difícil, no podemos tener ni un solo descuido el gasto». Lo dice el edil después de conocerse que 50 pesetas por día y ciudadano, es decir unos 5 millones de pesetas diarias es lo que el Ayuntamiento paga a las entidades financieras por los intereses de su deuda. Están al borde del apaga y vámonos.
Es tiempo de cambios y el diestro de la tierra Ortega Cano dice adiós a su apoderado Victoriano Valencia y firma nuevo apoderamiento con Pepe Luis Segura, que ya ha apoderado a Parla, Tomás Campuzano, Julio Aparicio y otros. No hay polémicas en este punto y sí la hay en el diseño modernista del Centro de Salud de Las Seiscientas (Barriada Virgen de la Caridad). Resulta que el arquitecto Manuel Serrano, que ha dirigido el proyecto de la obra, ha querido dar una nueva imagen del Insalud «dejando de lado esos ambulatorios tristones de siempre», según sus palabras. La obra, vaya que sí, es atrevida hasta el punto de incrustar la carrocería de un coche en una de las paredes.
Hay libertad de expresión, gracias a Dios y al artículo 20 de la Constitución, y así treinta y un curas de la Diócesis incitan a la insumisión a la prestación del servicio militar. El obispo Azagra no quiere pronunciarse. Monseñor no sabe/no contesta.
Lista y diplomática es Amparo Marzal, de Cartagena y concejala de Cultura de Murcia. Al ser nombrada Doña Sardina en las fiestas de la capital dice que «soy la cartagenera que mejor habla de Murcia».
El buque oceanográfico Hespérides, botado en 1990, todavía en plena juventud, tiene una avería y pasa una revisión. Una soldadura mal hecha es la causa de esa avería en uno de los motores. La broma cuesta 200 millones de pesetas y hay sus más y sus menos porque Defensa dice que no la va a pagar. (Que la pague el maestro Armero).
Comienzan los primeros movimientos hacia la peatonalización de parte del casco viejo. Hay desacuerdos y polémicas. El modelo es Asturias, patria querida.