Arranca la obra del auditorio

El descarrilamiento, en Tobarra, del Talgo Virgen de Guadalupe, con destino a Cartagena, en el que viajan 168 personas, causa dos muertos y 28 heridos. Cuando marchaba a 136 kilómetros se salió de la vía. Entre los viajeros hay muchos cartageneros.
 
El pulcro Ayuntamiento abre cerca de 300 expedientes por solares llenos de basura. En algunos hay hasta tres metros de altura de desperdicios acumulados. Mucha más limpia es la pugna de seis empresas por la concesión de la autopista de Cartagena a Vera. Debe estar acabada en 2006.
 
La Guardia Civil busca a dos falsos brujos brasileños por fugarse con los ahorros de unos clientes de una consulta que abrieron en Canteras. Desaparecieron los pillos con 12.000 euros que les confiaron para «purificarlos».
 
Y como todo no va a ser perder dinero, a tres trabajadores del restaurante El Pincho de Castilla les tocan 66.111 euros en el Gordo de Navidad por un décimo traído desde Palma de Mallorca que un cliente les dejó como bote tras una comida. ¡Gracias! Nunca mejor dicho.
 
Comienzan las obras del auditorio para que pueda acabar en mayo de 2006 (pues va a ser que no) en 17.000 metros cuadrados cedidos por la Autoridad Portuaria. Tendrá seis salas, la más grande para 1.500 personas. También acabando el año la alcaldesa Pilar Barreiro dice en La Verdad: «No me planteo estar en otro sitio, porque me gusta donde estoy ahora».
 
Los empresarios acreditan pérdidas del 30% para criticar la peatonalización en calles del centro urbano. Otro problema diferente es el de Feve que refuerza la seguridad en siete pasos a nivel de la línea de Los Nietos y el Ministerio de Fomento tira sin compasión a la papelera el proyecto de ampliación de la línea al Mar Menor.
 
La vivienda sigue siendo problema y 6.000 jóvenes piden ayuda en la oficina municipal para hallar piso. Se viene pagando una media de 360 euros al mes. Poco dinero, según se mire y si se compara con los 300.000 euros que pierde la flota pesquera por culpa de los últimos temporales. Otro problema es la guerra de Irak y más de seis mil cartageneros salen por las calles en manifestación de protesta.

Alumbres ya dispone de altavoces que avisan de los accidentes químicos. Sobre una torre, en el pueblo, se dan los avisos con potencia para que los puedan oír hasta los sordos. Y en Cartagena se van quedando sin cines. Ahora cierra el Carlos III. Menos películas.