El 13 no es un número gafe

El 13 no es un número gafe
ÍDOLO. A la izquierda, Rafa Nadal firma autógrafos; a la derecha, anima desde la grada a sus compañeros. / JUAN LEAL

Hoy debe de ser mi día de suerte. ¿Quién dijo que el 13 es un número gafe? Llego a una espectacular sala de prensa en el hotel Intercontinental y me dan mi acreditación y una entrada: puerta 13, fila 13. Antes de marcharme para la gran estructura metálica pido una llave para guardar mi ordenador portátil. Taquilla 13. Lo dicho. A mí el 13 me da suerte, porque nada más salir, de camino a la pista, entre el césped y los lagos del idílico entorno de la urbanización La Torre, me encuentro de frente con Rafa Nadal. Suerte la mía. Va vestido con pantalón corto, las zapatillas de tenis y una gorra blanca. Nadal es más alto y más fuerte de lo que aparenta en la tele. Rodeado de seguridad, va mirando al suelo todo el rato y parece que tiene ganas de desaparecer, así que me abstengo de intentar cualquier acercamiento.

Se va Nadal y me quedo rodeada de azafatas que me ofrecen gorros de paja con el logo de Madrid 2016. A los diez minutos ya lo llevo puesto porque el sol pega que da gusto y es casi insoportable estar en la pista. Y es que los responsables de Polaris lo han organizado todo a lo grande, hasta el último detalle es perfecto. Acreditaciones, azafatas, pulseras, sombreros y seguridad. Nada de carpas portátiles, ni menús de plático. La empresa de Pedro García Meroño ha tirado la casa por la ventana y ayer la Región de Murcia quedó en lo más alto, como la perfecta anfitriona. Más de trescientos periodistas nacionales e internacionales acreditados podrán dar fe de ello todo el fin de semana.

El ambiente en las gradas es mucho más refinado que en un estadio de fútbol, aunque siempre hay quien mete la pata con un inoportuno grito. Nada de insultos ni de pipas, estoy rodeada de gente elegante.

Termina el primer partido y me voy a la zona vip, donde me he logrado colar gracias a que José Luis Hermández y Paco Sardina, que siempre están en todo, salen en mi ayuda (igualito que en el fútbol). Cientos de personas llegadas de toda España hablan de tenis y comentan la semifinal. Allí, el nivel del servicio, el de las instalaciones y el de la comida es de lo más exquisito. Mientras doy buena cuenta de un plato de arroz y marisco me encuentro a Juan Carlos Ruiz con... ¡Pedro Saura! ¿Quién dijo que el deporte no une a las personas? El rato que estoy con ellos es muy entretenido.

Por allí también está el alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, que ha visto el partido acompañado por Antonio García Alarcón, presidente de la Federación Murciana. Habla y saluda a todos, eso sí, sin probar bocado. Otro que también mantiene el tipo a la perfección es Antonio Estaca, presidente del Club de Tenis de Murcia.

Salgo huyendo de las napolitanas de chocolate y de las galletas de té, que comparto en un mano a mano con Luis Gestoso, y me encuentro a Manolo Álvarez y Mari Paz (cómo se les echa de menos en el Real Murcia) y a Javier Iniesta, siempre de buen humor y bien acompañado. Me tomo una coca cola y aparece el único desacierto del día: ¡los refrescos cuestan 5 euros y los sandwiches 10!. Se han pasado un poco, aunque el entorno bien merece pasar allí la jornada. Avisados quedan los aficionados para que se lleven hoy y mañana la comida de casa.

Para que se me pase un poco el susto de los cinco euros llega una chica y me incluye en un sorteo: una noche de hotel en el Intercontinental. En mi número hay una cifra: el 13. Espero que mi suerte dure hasta mañana, que es el día del sorteo.

 

 



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