LOS MEJORES 2011
La noche de las bicicletas

La Sira Quiroga de María Dueñas sobrevoló una fiesta elegante, musical y con 'taconazos'

La Verdad' celebró su noche premiando el optimismo -en frascos enteros nos hace falta, pero se ofrece como de estraperlo, y adulterado, en la mayoría de las ocasiones-, el trabajo bien hecho, los triunfos, las trayectorias, la excelencia, que dicen que es algo así como la sabiduría elegante, que no siempre; lástima, es una redundancia. Por allí estaba, en las fronteras más oscuras del escenario, con ojos de espía coqueta, distinguida en el vestir, tonos malva, y los ademanes suaves, Sira Quiroga; curiosa y cauta a la vez, atenta a lo que acontecía en la zona iluminada donde apareció su creadora, María Dueñas, quien recibió su bicicleta por ese misterio literario titulado 'El tiempo entre costuras', una novela de afectos sin fisuras y de sacudidas emocionales, que los lectores -millón largo ya- han devorado y recomendado y con la que han suspirado y soñado. «Sira no ha desaparecido, no quiere irse», dijo. Desde luego que no. Allí permanecía, terca y sonriente.

También allí, en el territorio de la luz, estaba el observador y 'cazador' de ecos, Roque Baños, creador de atmósferas sonoras, de brumas y suspense, compañero y cómplice musical de Torrente y Alatriste. Salió al escenario con el maestro de periodistas García Martínez, dueño del equívoco y otras destrezas gacetilleras y escénicas. Agarró la batuta el compositor jumillano, tormentoso y expresivo delante del atril, y nos llevó a un viaje al fotograma de una batalla de emociones y alborotos.

Y salieron los rectores de las universidades públicas que han luchado, codo con codo, para lograr el Campus de Excelencia Internacional Mare Nostrum para la Universidad de Murcia y la Politécnica de Cartagena. El prestigio de lo público en tiempos inciertos y con las costuras abiertas.

Y también los vigilantes del mar: el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (Covam) de Cartagena, los ojos de la Armada sobre las rutas de todos los océanos y las banderas piratas en el Índico. Y ellos, los del esfuerzo, la decisión y la eficacia, los 'imprescindibles' en momentos duros, los domadores del caos: los Servicios de Emergencia que actuaron, entre cascotes, durante las horas posteriores al terremoto de Lorca. La doctora María José Carrillo, del 061, la 'chica de la foto', recibió la bicicleta más aplaudida de la velada.

Premios para cinco miradas, miradas sobresalientes, osadas. Todos ellos recibieron sus bicicletas -las esculturas de Antonio Campillo- que son símbolo (femenino) de trayectoria y esfuerzo cotidiano, de pedaleo cotidiano, con la velocidad justa para apreciar el paisaje y sus detalles porque quizá, como escribe María Dueñas, «la normalidad es aquello que la suerte nos pone delante cada mañana».

Sira Quiroga, malabarista de la supervivencia, se retocaba el rojo de los labios con un pañuelo de tela bordada, con un mohín delicioso y seductor. Miraba al presentador de la gala con cierta insistencia, un tipo alto y vallisoletano enfundado, algo envarado, en una especie de 'look Guardiola'. No probó Sira bocado aunque acercó sus labios a una copa de vino, bodegas Castaño, en la que no quedó rastro alguno de carmín. «La gente de papel siempre acude a las fiestas de la gente del papel», susurró, mientras yo daba un respingo digital.

Fiesta protocolaria con sus escasos (siempre de agradecer) protocolarios discursos, con sus políticos protocolarios (¿irán al cine, leerán novelas?) ¿Quién sabe? «Ninguno de nosotros es quien un día fue», dijo Sira, sonriente. No gano para respingos.

Predominio de azules y grises entre el público, salvo el marcial blanco de la Armada. Algún estampado y dos rojos ceñidos y satinados en forma y figura. Pocos 'taconazos', pero muy bien llevados. Los más elegantes: los artistas Fod y Sonia Navarro -impecables-, con permiso de la pajarita gris perla de Sean Frutos y del galerista Nacho Ruiz.

Noche orquestal con la aterciopelada Alondra Bentley, Sean Frutos (Second) y Carlos Tarque (M-Clan), y José Miguel Rodilla al mando de la Sinfónica de la Región -no se les nota nada el ERE, sobre el escenario, a estos chicos-. Espectáculo elegante, ágil, que finalizó con 'Starman', de David Bowie: «El hombre de las estrellas, esperando en el cielo, quiere venir, y conocernos».

Bajo las estrellas -no muchas- continuó el festejo, entre copas, canapés, fotos, poses, saludos, besos variados y un sprint de charlas. Alguien perdió un zapato caro, de mujer, negro. No era el de Sira, que ya no estaba, era dos números, al menos, más grande. El 'ceniciento' jefe de Deportes buscó a su dueña y dicen que la encontró. Era ya tarde.

Yo me acordé de Xim, el dibujante, y de la canción de Second: «Qué raro es verte desde el exilio». Otro respingo. Alguien hablaba de James Joyce y de fútbol. Era muy tarde, decididamente tarde.

 

 

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