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Las mágicas plaquetas de los payasos

El día de los 'pupa' comienza, como el de cualquier otro profesional sanitario, a las ocho de la mañana: son uno más

«Señores payasos, ¿ustedes donan plaquetas?», abordó un día una pequeña paciente a la pareja de 'pupas' que entró en su habitación. «Sí, ¿por qué?», contestaron tras el 'shock'. «Porque ayer me pusieron plaquetas y me sentí como ustedes», replicó la niña. «Fíjate cómo viven los niños la fantasía de todo. A los que les hacen continuas transfusiones de plaquetas les dan corticoides, y eso les pone eufóricos y energéticos, con ganas de hacer muchas cosas. Y mira qué 'bonicos' son los críos, cómo es su forma de pensar: ¿qué me pasa?, ¡ah!, claro, los payasos han donado plaquetas para mí'», explica Pepa Astillero tratando de recomponer el proceso mental.

Los payasos son la locura, los adultos haciendo cosas de niño, la ruptura radical con la rutina, un anhelo esperado a diario por los pacientes y el personal, que conocen al dedillo su horario.

El día de los 'pupa' comienza, como el de cualquier profesional sanitario del hospital, a las ocho de la mañana asistiendo a las sesiones clínicas. Allí conocen de primera mano el estado de los pacientes, las novedades, cómo han pasado la noche, cómo evolucionan, los tratamientos que se les darán... Son uno más en el hospital.

Después, se ponen la nariz y dejan el cerebro en el armario para ponerse a jugar al servicio de los niños, sus familias y el personal sanitario. Y sus continuas ocurrencias van abriendo puertas que hacen que todo cambie y tienden a humanizar la sanidad: «Recuerdo que una vez metimos a Luis Paniagua a dar un concierto en la UCI pediátrica con su lira -ya en la antigua Grecia se utilizaba como instrumento sanador-. ¡Música en directo en la UCI! -enfatiza Pepa Astillero-; en el hospital no suelen ponernos trabas. En otra habitación había un niño con encefalopatía que sufría un ataque epiléptico cada cinco minutos. El niño se relajó y se quedó dormido. Eso para la familia es un regalo», una caricia para el alma dolorida de una madre. «Después de eso, una de las enfermeras nos comentó que estaba leyendo sobre la musicoterapia. Es una forma de trabajar con el personal, sin hacerlo directamente con ellos - explican los 'pupa'-; y acabamos grabándoles cedés de músicas para el alma que ellos les ponen ahora».

Hoy es miércoles y empiezan por 'Pupaquirófano'. Cinco niños esperan tensos la hora de la intervención, junto a sus preocupados padres, hasta que Pipa Salá y Fito Huevo Frito hacen acto de aparición. «¡Qué chaqueta más mona!», dice una enfermera a Pipa. «Era una bata, pero con los recortes de la crisis se ha quedado así (torera)», bromea.

Es una mañana tranquila. «Lo primero que hacemos es sacar nuestro termómetro payasil para medir el nivel de estrés del hospital», cuentan Pipa y Fito, antes de entrar -nunca sin pedir permiso-. Hoy, se palpa, la cosa está como la seda. Rosario, enfermera del quirófano del Materno-Infantil, lo expresa gráficamente: «El martes fue para habernos matado; hoy todo está perfecto».

Borrar el miedo y la tensión

Pipa y Fito tienen sus objetivos: borrar el miedo, eliminar la tensión y relajar a los niños y a los padres mientras se hace la hora de la intervención. Las carcajadas, los grititos alegres de los niños y las palmas de aprobación se cuelan por los pasillos y sustituyen a llantos y balbuceos. «Van a correrse la primera fiesta con sus hijos», invitan tras sus narices a los padres, cuando el personal de enfermería administra el 'miazolam' (un medicamento de acción sedante e hipnótica). «Es hora de darles marcha, para que se olviden de dónde están y a qué vienen», explican.

Después, hoy será Fito, llega la hora de acompañar a los diminutos pacientes hasta la mesa de operaciones. Con su estéril pijama, adornado con ositos; unos juguetes que no salen de la sección de quirófano; las manos bien lavadas y recién peinado, Fito Huevo Frito se pone en acción. Las camas se transforman en barcos piratas en busca de tesoros o en ovnis surcando el espacio interestelar, mientras se recorre el trayecto hasta el quirófano, ya alejados de sus padres. Es el momento de relajarlos, para que la anestesia o los sedantes les hagan efecto y entren a la operación como quien va al cine.

Después le toca el turno a E., una niña de 8 años que ha sido intervenida recientemente. No se encuentra muy 'católica', su cara tristona se alegra cuando le preguntan si quiere que Pipa le haga una visita. «Que pase, y apaga la tele», contesta y, al poco de entrar, ya le ha arrancado su primera sonrisa.

Nadie se libra de la fiebre payasil, Pipa y Fito no dejan títere con cabeza. En el ascensor, en los pasillos, en una sala de espera, a los médicos, los celadores y las enfermeras, a los visitantes, a los familiares... Para todos tienen una broma y en todos encuentran una sonrisa. «A veces se producen situaciones mágicas y te encuentras en el pasillo de un quirófano o de la UCI a padres riéndose a carcajadas», cuenta Fito.

Sin tiempo para almorzar hoy -los 'pupa' también tienen servicio de urgencias- se dirigen a Nefrología. «Todos quieren que los citemos los miércoles», cuenta la enfermera Fina de los Reyes, que aprovecha la ubicación del departamento para juntar en la misma sala de espera a los pacientes crónicos de alergias, neurología, neuropsiquiatría, endocrino y genética. «Hemos tenido que poner más sillas en la sala de espera», comenta Fina, mientras los niños se revolucionan y tiran de los brazos de sus padres para seguir disfrutando de los tropezones y el humor absurdo que desbordan Fito y Pipa. La sala de espera se convierte en un teatro. Las carcajadas y los aplausos resuenan cuando terminan y mientras, quienes ansiaban pasar ya a consulta para terminar con la tensa espera, ahora piden «vamos a quedarnos a verlos terminar, mamá».

Antes de dar por finalizada la jornada, hay que pasar a ver a Mariana. Tiene sólo cuatro años y una fuerza de titanes. Ahora empieza a recuperar parte de la sensibilidad perdida, que la tenía casi estática sobre la cama de la UCI, aunque no le ha impedido disfrutar de sus dos visitas semanales. «Le encantan los payasos, está deseando que lleguen», comenta la entregada madre. A Mariana le gusta Pipa, le lanza besos sin parar, pero a Fito le castiga, para el sólo hay una lengüecita rosada que apenas asoma entre su labios. Y no hay final más reconfortante para ella que hacer de la doctora Mariana y castigar a Fito un poco más con un pinchazo en el culo. «Para ella es terapéutico», aclara Pipa. Si por Mariana fuera, los payasos no se irían nunca.

 

 

LV Solidaridad

LV Solidaridad comienza su andadura con la vocación de apoyar a instituciones sin ánimo de lucro que, como Pupaclown, trabajan en beneficio de la sociedad. Se trata de ayudar a difundir su labor para recabar el apoyo que necesitan para llevar a cabo su obra, el Centro Escénico de Integración Social Infantil y Juvenil Pupaclown, una especie de teatro donde las barreras arquitectónicas y técnicas no existan.

Cómo colaborar

1. Ingresando la cantidad que se desee en cualquiera de las cuentas bancarias de que dispone Pupaclown:

- CAJAMAR: 3058 0295 15 2720008201
- CAM: 2090 0218 34 0200041406
- CAJAMURCIA: 2043 0015 83 2000516850
- BANCAJA: 2077 1010 75 1100406303
- CAJAMADRID: 2038 4711 10 6000143391


2. Accediendo a la lista de necesidades y comprando tantas 'necesidades' cómo deseen.

3. Colaborar como voluntarios, tanto en tareas del centro como en labores de construcción (para esto último deben llamar al Centro Escénico al teléfono que te he comentado). Para lo primero, pueden rellenar un formulario en la web de los pupaclown.

4. Donando materia prima para la obra (también para esto hay que ponerse en contacto telefónico con ellos).

5. Comprando entradas para el Banco Solidario (una especie de fila cero con la que se costean las entradas de niños y jóvenes sin recursos económicos).

6. Haciéndose socios de Pupaclown a través de la web: www.pupaclown.org.



Sonrisas a pie de camilla
Sonrisas a pie de camilla
(25-03-2011 - Murcia)