El Cartagena asciende a Segunda 21 años después

Los aficionados rodean el submarino antes de la llegada de la plantilla albinegra. / PABLO SÁNCHEZ / AGM
...Y veintiún años después, Cartagena se desgañitó en la madrugada con un cántico que resumía el logro: «¡A Segunda, oeee; a Segunda, oeee!...»; con un cántico que evocaba la capacidad del fútbol para unir a toda una ciudad, por encima de carthagineses o romanos, marrajos o californios, socialistas o populares, del Madrid o del Barcelona: «¡Vamos Cartagena, vamos campeón!»; con un cántico que sabía a gloria y que en el Muelle, ante el submarino de Isaac Peral, reivindicaba las dos décadas de sequía que ha sufrido la afición antes de la tormenta de júbilo por su ascenso a la categoría de plata: «¡Por fin llegó la hora / de cantar esta canción. / Ya estamos en Segunda, / en Segunda División!».
Tanto impregnó la victoria del Efesé el alma de los cartageneros que hasta la piel de la ciudad evidenciaba esa marca. Mientras el vendaval de euforia arrastraba a un gentío al puerto, todo en la noche se volvía blanco y negro: la fachada del Palacio Consistorial contra las cúpulas de zinc; las luces de las farolas contra sus postes; los adoquines de Alfonso XII Muelle contra las rayas del carril bici, pintadas hace poco como a posta; hasta las omnipresentes gaviotas, revoloteando en círculos contra el cielo oscuro y graznando su propio alborozo.
Pitó el árbitro a las nueve y cinco el final del partido en El Collao, y el pueblo fue en romería para pregonar su alegrón. Si Cartagena puede, quiere. «Yes, we can»; «Sí, podemos», venían a decir los hinchas al modo de Obama.
Lo decían con banderas, con bocinas, con tambores, con alguna trompeta, y siempre con las gargantas: «¡Cartagena, oeeee; Cartagena, oeeee; Cartagena, oeeee; Cartagena, oeee, oeee!».
En la Puerta de Murcia y la calle Mayor, los vecinos abarrotaban los bares tomando fuerzas para la llegada del conjunto de los pacos: del entrenador, Paco Jémez; y del presidente, Paco Gómez.
Y, con la voces quebradas aún por el grito apoteósico que desató el gol de Juan Pablo cuando las agujas del reloj apuntaban ya hacia la prórroga, dos seguidores se anillaron en un abrazo frente al Monumento al Procesionista. Y el diálogo de ambos sintetizó con llaneza la fe popular en que ésta sí iba a ser la temporada del ascenso y la comprobación de que al final todo era un sueño... porque todo era ya realidad.
- «¡Nene, que estamos en Segunda!»,
- «Pues claro que sí, pijo!».
Ejemplo de superación
Y en el sueño, en el dulce sueño, tres jóvenes se auparon por la popa a lo alto del submarino (ése al que ayer convocó el diario La Verdad con su histórica portada: «Esta noche nos vemos aquí»); y en el sueño, otros se capuzaban en la fuente entre saltos de emoción; en el sueño, quienes no tenían una camiseta del equipo de Benipila buscaron en el armario para dar con la combinación mágica para la noche del milagro: un pantalón negro y una camisa blanca o una camisola de rayas negriblancas.
Y, ahuyentando la mala suerte, espantando las preocupaciones por la crisis económica, dando esquinazo a la cama aunque hoy es lunes y hay que estar temprano en el curro para dar el callo, una multitud recibió ansionsa a la una de la madrugada a sus héroes, quienes al final hicieron bueno dos lemas de estos días: «¡Más moral que el Alcoyano!»; «¡Este año sí!». Qué gran noche para Cartagena. Por algo dice su himno: «Cartagena, / querida Cartagena, / ¡qué delirio de gloria / tu delirio!».