El Cartagena se exhibe ante el Murcia en Nueva Condomina: 1-4

Víctor marcó el segundo gol del Cartagena, el tanto número 150 en su carrera entre Primera y Segunda División. / MARTÍNEZ BUESO
El Cartagena es un equipo superior. El Real Murcia ha quedado mancillado. Un ciclón de orden, buen fútbol y eficacia arrasó ayer Nueva Condomina y puso la historia patas arriba. A su paso sólo quedó la impotencia del rival, vapuleado durante todo el partido, y la superioridad aplastante del líder, que dio una lección magistral.
Hoy por hoy, entre el Real Murcia y el Cartagena hay una distancia sideral. La supremacía del segundo es incuestionable. El partido fue un fiel reflejo de lo que son ambos equipos. Uno, nervioso y timorato, tiene todo por hacer. El otro, seguro y con las ideas claras, es imparable. No tiene límite.
La diferencia es tan considerable que el marcador no dejó lugar a dudas. El equipo de Juan Ignacio se exhibió en Nueva Condomina y arrolló a un rival que en los primeros cuatro minutos ya había cometido dos fallos imperdonables. Dos errores bochornosos que el Cartagena no estaba dispuesto a perdonar. Los dos terminaron en gol.
El Real Murcia tiene una portería irregular cuyos problemas van en aumento partido a partido. A Elía le puede la presión. Lo mismo sale de su meta para no llegar a la pelota, que se queda cuando más cerca la tiene. El resultado fue un marcador en contra con dos goles en dos minutos. El primero del ex murcianista De Lucas cuando Elía decidió salir y el segundo de Víctor a pase de Longás cuando el portero prefirió quedarse.
Antes de llegar al minuto cinco el partido ya estaba decidido porque el tiempo lo único que evidenció fue que el Real Murcia estaba dispuesto a dar un recital de impotencia ante el orden y la presión blanquinegra.
Longás primero y Cygan después dominaron el juego desde el centro del campo y desde la defensa con una autoridad absoluta. En el círculo central sólo había un equipo y era el Cartagena. Pereyra desapareció en la maraña visitante y el conjunto grana se quedó sin salidas, perdido en un laberinto de futbolistas que lo presionaban y lo asfixiaban, no dejaban circular la pelota y frenaban cualquier intento de llevar el balón ante el portero Rubén.
El equipo de Juan Ignacio interpretó una sinfonía de fútbol efectivo en Segunda División y de paso pisoteó a un rival que salió humillado de su estadio.
Fue un mal debut para José Gonzalez, el nuevo entrenador, que nada tiene que ver con lo que sucedió ayer en Nueva Condomina. El técnico, al igual que la sufrida afición, se encontró con dos errores descomunales y a partir de ahí tuvo que nadar siempre contracorriente y con un equipo impotente.
A pesar de la desoladora situación, el Real Murcia se rehizo durante quince minutos, pero unas veces porque no puede y otras porque la suerte le es adversa, nunca encuentra salida.
Con el partido casi decidido Mario Rosas, Pedro e Isaac fabricaron una jugada que terminó en gol. De la derecha a la izquierda y de allí a la portería. A dos goles de distancia el equipo grana se animó y el Cartagena perdió el control. Si hasta ese momento sólo brillaba un Lafuente espectacular, un centro del campo dominador y una defensa de hierro, el juego giró del lado contrario y el Real Murcia comenzó a llegar con claridad. Pero nada. El derbi no estaba dispuesto a dar concesiones. Aquino lanzó una falta al palo. De haber entrado el partido se hubiera abierto, pero no entró. Ni esa ocasión, ni ninguna. Un nuevo lanzamiento del canterano grana reveló al mejor Rubén. Lo mismo pasó con el intento de Mario Rosas. Hasta ahí había llegado el Real Murcia.
Luego Mariano Sánchez fue expulsado, más tarde Sergio Fernández vio la roja por un penalti inexistente que terminó en el cuarto gol y se lesionó Aquino. Pero todos fueron detalles irrelevantes. El Cartagena había aplastado al Real Murcia, que vive en la tristeza más absoluta.