Ramón Gaya Centenario


Primeros años de Gaya
Genio desde la cuna

La cara menos conocida de Ramón Gaya: los críticos de arte ya le consideraban un gran artista cuando sólo era un niño. «Puede llegar a ser uno de los mejores pintores de España», afirmó el británico Jan Gordon en 1921

Genio desde la cuna

Con diez años, edad a la que decidió que quería ser pintor.

Gaya niño, mirando al futuro.

La seriedad de un artista precoz.

En el estudio, rodeado de cuadros.

Con el poeta Jorge Guillén, amigo del pintor.

La genial precocidad de Ramón Gaya, quien mañana habría cumplido 100 años, es una faceta de su vida prácticamente ignorada. Quien vuelva a leer el número nueve de la revista 'Verso y prosa', de septiembre de 1927, encontrará en su portada uno de sus cuadros, 'Interior', y unos breves datos biográficos: «Ramón Gaya Pomés nació en Murcia, en uno de los huertos que rodean la ciudad, el 10 de octubre de 1910. De origen modesto, comenzó a pintar a los diez años, y desde entonces ha trabajado con gran fe en su obra, junto a dos jóvenes pintores de gran fervor y aliento: Luis Garay y Pedro Flores. Ha viajado muy poco. Señalamos varias estancias breves en Barcelona, de donde son naturales sus padres; la última, en 1925. 'Verso y Prosa' acoge en sus páginas estas obras de Ramón Gaya, en la esperanza de que su nombre conseguirá pronto destacarse en la pintura actual española».

Recoger esta cita, de cuando Gaya estaba a punto de cumplir diecisiete años, no pretende destacar su perenne amistad con Garay o Flores, ni sus estancias aquí o allá; pero sí su particular creencia e interés por la pintura, desde que era un niño, y el crédito que, con tan sólo diez años, ya comenzaba a alcanzar como pintor. Los escasos testimonios que de la época inicial de Gaya se conservan en los medios escritos son la mayor y mejor evidencia de las relevantes primicias del pintor-niño.

No hay duda de que en Gaya se consumaron aquellos vaticinios esperanzadores que le auguraba 'Verso y Prosa'; por suerte, los periódicos que de entonces se conservan aportan datos indiscutibles, aunque escasos y hasta ahora desconocidos, que pueden provocar indudable asombro.

'El Liberal' del 11 de septiembre de 1921 -Gaya todavía no había cumplido los once años- recoge en su primera página un amplio y detallado comentario sobre la Exposición Regional de Pintura y Escultura, que había organizado el Círculo de Bellas Artes de Murcia. Firmado por Luis Gil de Vicario, destacado pintor de la época, y quien ejerció también como crítico, se calificaba la exposición como «un éxito, el mayor de todos los que tuvo cada iniciativa del presidente» del Círculo, que no era otro que Mariano Ruiz-Funes, famoso abogado penalista, catedrático de la Universidad, quien también fue ministro en los años de la República.

En la exposición participaban firmas ilustres y recordadas de la pintura murciana como Sánchez Picazo, Atiénzar Sala, Miralles, Joaquín, Julián Alcaraz, Luis Garay, Pedro Flores, Antonio Nicolás… A la obra de cada uno de los artistas, Gil de Vicario dedicaba un breve comentario. A la hora de atender a Gaya, escribió: «Hay dos bodegones de positivo mérito, de gran relieve pictórico, y de una notable orientación moderna: son de Gaya, un niño de once años». Le faltaba un mes para cumplirlos.

Sobre aquella exposición, 'La Verdad' también publicaba un comentario amplio. Era de Jan Gordon, «corresponsal artístico de la revista inglesa 'The Studio', antiguo crítico de 'Athenaeum', 'Observer', 'New Witness', 'Land&Water' y autor de varis monografías de arte».

«Altura extrema»

Gordon afirmaba que «la calidad de la pintura expuesta es de una altura extrema, y puedo decir que no hay casi ningún pintor inepto en toda la galería». Comentaba, por ejemplo, un retrato de Garay, «excelentemente pintado»; un bodegón de Pedro Flores, «muy fuerte de imaginación y de conocimiento de la pintura de luz»; y de Joaquín, «como pintor, solamente como pintor, es quizá el más dotado y parece sostenerse con un pie entre los viejos y otro, entre los nuevos». También se refería a las obras de Ernesto Martínez, Crisanto López… y opinaba así sobre una marina de Vinader: «Compárese este cuadro con los dos pequeños de Ramón Gaya, un niño de diez años. En la marina grande del señor Vinader no hay harmonía [sic] de color, ni dibujo significativo y sí una composición vulgar. En efecto, los tres motivos esenciales que debe tener una obra de arte faltan aquí. En las pequeñas pinturas, números 119 y 120, Gaya ha dado a estos tres motivos esenciales, una consideración cuidadosa, especialmente en el número 120, de una sutilidad extrema y de mucha originalidad. Si Ramón Gaya puede continuar progresando en este sentido, puede llegar a ser uno de los mejores pintores de España, pues parece tener no solamente talento de pintor, sino también talento para el arte». Así de claro lo exponía.

Apenas cinco meses después, se celebró una nueva exposición en el Círculo de Bellas Artes sobre carteles de Carnaval. El primer premio fue para Luis Garay, y el segundo, para Pedro Flores. No se concedían más, pero, escribía Gil de Vicario, en esta ocasión también miembro del jurado, que, «atendiendo a que el cartel 'Capricho', del que ha resultado ser autor don Ramón Gaya, merecía por su bondad estética, ser recompensado en tercer lugar; se le concedió un accésit, recomendando a la directiva del Círculo de Bellas Artes su adquisición (…). 'Capricho', de Ramoncito Gaya, un artista de once años, es agradable en conjunto, aunque un poquitín descuidado en la rotulación y en la concordancia de los trajes de las figuras. A pesar de que en Carnaval todo pasa, hay un concepto decorativo muy orientado y de un gran valor por la sencillez y amplitud de las masas. Hemos de augurar al pequeño autor, si continúa por ese camino, muy justos éxitos».

Debiera tenerse en cuenta, para enmarcar debidamente los méritos de Ramón Gaya entre el grupo de compañeros con los que alternaba que, en cuanto a edad se refiere, Flores lo superaba en trece años, y Garay en diecisiete.

Que la trayectoria de aquel niño genial marchaba ascendente y que su fe en la pintura se estaba convirtiendo en un firme baluarte lo justifica su presencia, en junio de 1923, en el Salón de Humoristas de Madrid. El diario 'El Tiempo', del 7 de julio, en una nota firmada por F. S., informaba de que los artistas murcianos habían tenido una brillante representación y, entre ellos, «Ramón Gaya, el benjamín de los artistas murcianos (…). Han merecido elogios de la prensa». Otro periódico, tan serio como 'La Correspondencia de España', hablando de Garay y Gaya, decía: «De vigor y nervio, prometedor de realidades plenas son los cuadros de Garay 'Baile murciano' y 'El cazador; y no menos dignos de tenerse en cuenta otros de Ramón Gaya, 'El pajar y la casa' y 'El día de la procesión'».

Los méritos indudables que el jovencísimo pintor va acumulando le abren la puerta de una revista innovadora como la citada 'Verso y Prosa'. Sus cuadros, algunos de ellos, tan posteriormente reconocidos como el retrato de su padre o 'Naturaleza muerta', figuran junto a las firmas de pintores, escritores y poetas tan universalmente famosos como Vázquez Díaz, Francisco de Cossío, Vicente Aleixandre, Max Aub, García Lorca, Jorge Guillén y Luis Cernuda. En 'Verso y Prosa' también se evidencia ese ansia y dominio de las letras que siempre cultivó Ramón Gaya, con escritos sobre distintos temas.

«Áspero 'cezanismo'»

Es en 'Verso y Prosa', de octubre de 1927, donde, de nuevo, aparece su nombre como pintor, junto a los de sus inseparables Garay y Flores, con motivo de una exposición de «pintura joven» en la Galería Dalmau de Barcelona. Sebastián Gaschs escribía: «El más fuerte de los tres, indudablemente Ramón Gaya -casi un adolescente, nacido en 1910-, que no ha expuesto en Barcelona con sus compañeros. Después del paso por un áspero 'cezanismo', Gaya entró también declaradamente en el neoclasicismo, que fue cultivado por él de manera integral. Linealismo absoluto, sin la menor concesión, ni el más leve compromiso. En sus telas más recientes, sin embargo, Gaya ha abandonado su antigua manera, para entrar de lleno en lo que hemos llamado cubismo poético (…). A los nombres de Picasso, Ángeles Ortiz, De la Serna, Peinado y Lorca es preciso ahora añadir los de Ramón Gaya, Luis Garay y Pedro Flores».

Gracias a la pensión que el Ayuntamiento de Murcia concedió a Gaya, y a las subvenciones que la Diputación otorgó a Garay y Flores, los tres pintores iniciaron un viaje a Francia, bajo la dirección de Darsie Japp, con exposiciones en Madrid. Cuando regresaron, los medios informativos les dieron la bienvenida como a auténticos triunfadores, con saludos y enhorabuenas.

 

 

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