Ramón Gaya Centenario


VIDA
Noventa y cinco años de entrega a la pintura

Gaya (Murcia, 1910-Valencia, 2005) recorrió el siglo XX para legar una profunda obra plástica y literaria

Noventa y cinco años de entrega a la pintura

Gaya recibe del entonces alcalde, José María Aroca, el título de Hijo Predilecto de Murcia (1980).

 

La vida de Ramón Gaya es una aventura constante, que se une al pintor sin buscarla. Puede decirse que, desde su niñez, se advierte el genio y carácter de un hombre que hubo de enfrentarse a situaciones muy dificultosas, pero que jamás renunció a su honradez, a su pensamiento claro y a sus modos directos. Nació el 10 de octubre de 1910 en el llamado Huerto del Conde, hijo del litógrafo catalán Salvador Gaya -quien había llegado a Murcia para instalar un taller de litografía- y de Josefa Pomés.

Desde muy niño, Ramón Gaya siente la atracción de la pintura, hasta tal punto que abandona la escuela, no por la necesidades propias en los hogares de aquel entonces, en que era necesario que los niños trabajasen para salir adelante, sino por dedicarse a la pintura. No es extraño, por tanto que, como se afirma por otras páginas, cuando aún no había cumplido los onces años participase en una exposición en la que también estaban presentes los maestros del momento y los jóvenes que soñaban con un mañana pictóricamente provechoso. La pintura fue una constante en la vida de Gaya, virtud que se da a conocer más en su etapa adolescente, gracias a la revista murciana 'Verso y Prosa', en la que participarían escritores, poetas y artistas, cuyos nombres han tenido, en su mayor parte, reconocimiento universal.

Gracias a la intervención de Juan Guerrero, director de 'Verso y Prosa' y secretario del Ayuntamiento murciano, Gaya obtuvo una pensión, con la que pudo cubrir su etapa de aprendizaje en Madrid, y sus viajes a París, donde participaría, junto a sus grandes amigos los pintores Luis Garay y Pedro Flores, en la famosa exposición de la galería Quatre Chemins. Tenía diecisiete años.

Se integró posteriormente en las Misiones Pedagógicas, por lo que viajó por numerosos pueblos en los que mostraba las copias de famosos cuadros, que había realizado en el Museo del Prado. Pocos días antes del inicio de la guerra civil española, se casó en Madrid con Fe Sanz. Se unió a la Alianza de Intelectuales Antifascistas; su casa en Madrid es bombardeada, por lo que se trasladó con su mujer a Valencia, donde nació su única hija, Alicia. Junto a Cernuda, María Zambrano, Juan Gil-Albert… participó en la fundación de la revista 'Hora de España', de la que Ramón Gaya fue miembro del consejo de redacción, y en la que publica poemas, dibujos y artículos. También estuvo presente en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas.

Al acabar la guerra civil, en su intento de pasar a Francia, su esposa muere en un bombardeo. Gaya fue internado en el campo de prisioneros de Saint-Cyprien. Al ser puesto en libertad, decidió marchar a México, donde, pese a la tristeza y la desolación, realizó una serie de obras de emocionantes recuerdos y contenidos, como algunos de sus homenajes. Colaboró en diversas revistas y alternó con sus compañeros del exilio, como Luis Cernuda, Gil-Albert, Concha de Albornoz… Son años de enormes dificultades de todo tipo, que el pintor va superando con su entrega a una pintura, a veces casi dramática, pero sin abandonar sus principios artísticos.

En 1952, Ramón Gaya volvió a Europa. Su primera llegada fue a París, donde, de un modo especial, se interesó por los museos de la capital francesa. Posteriormente, pasó a Italia. En una serie de idas y venidas, Gaya se siente cautivado por Roma y Venecia, pero también por Vicenza o Florencia y otras ciudades italianas, de las que ha dejado testimonios pictóricos impresionantes. Las obras que va realizando son la prueba más directa de esa atracción. Junto a su pintura, Gaya no dejó de escribir, fuese su 'Velázquez, pájaro solitario' o el más humilde e intimista 'Diario de un pintor', profundas reflexiones sobre el arte y conmovedores recuerdos de su vida.

Se instaló en Roma durante algún tiempo, y será en 1960 cuando se atreva a regresar a España, después de un exilio que se había prolongado durante más de veinte años. Poco después visitó Murcia, pero sin dejarse ver, más que por algunos viejos amigos, como el pintor Juan Bonafé. Comenzó a reencontrase con el público español, gracias a las exposiciones que sus amigos le organizaban en Madrid o a las actividades en que participó en distintas ciudades.

Será en 1974 cuando vuelva a exponer en Murcia, un primer paso que deja abiertas las puertas para el reconocimiento artístico de un pintor que también iba siendo considerado en no pocas ciudades españolas. Unas fechas muy emotivas son, sin duda, las de octubre de 1980, cuando, con motivo del setenta cumpleaños de Ramón Gaya, sus amigos murcianos, muchos jóvenes que se habían interesado por su pintura, le rinden un homenaje y se publica u libro por la galería Chys. No hay duda de que el nombre y la obra de Gaya habían acaparado el interés general, por las numerosas exposiciones que realizó, y por su trabajo constante, recompensado, en 1980 con el nombramiento de Hijo Predilecto de Murcia. En 1985 se le concedió la Medalla de Oro a las Bellas Artes, que concedía el Ministerio de Cultura. Vivía en Valencia, pero también quiso disponer de estudio en Madrid. Contrae matrimonio con Isabel Verdejo, su apoyo más firme desde la vuelta del exilio del pintor. Su exposición antológica de 1989, en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, -posteriormente en la sala de San Esteban, en Murcia- fue otra muestra de esa plenitud que el pintor murciano había alcanzado. La Universidad de Barcelona montó otra exposición y un ciclo de conferencias sobre su obra.

Y será el 10 de octubre de 1990 cuando se inaugure en Murcia el Museo que lleva su nombre, y que dispone de más de quinientos cuadros. Su obra también estará presente en la Exposición Universal de Sevilla, en el Instituto Cervantes, en París… En 1997 se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas; fue investido doctor 'honoris causa' por la Universidad de Murcia, en 1997, y recibe el Premio Velázquez, en 2002, en su primera edición.

La vida de Gaya fue llegando a su fin, pero sin que el pintor cesase en su entrega a la pintura, y de someterse a las preguntas que contestaba con la máxima clarividencia.

Gaya murió en Valencia, el 15 de octubre de 2005, superados ya los noventa y cinco años. Lo que le habían profetizado en su niñez era realidad: había muerto uno de los mejores pintores de España.

 

 

Ramón Gaya | Fotos

Ramón Gaya y su obra
Gaya contra sus maestros
(20-10-2010 - Murcia)
 
Ramón Gaya y su obra
Ramón Gaya íntimo

(08-10-2010 - Murcia)
 

Ramón Gaya | Vídeo