Ramón Gaya Centenario


DIBUJOS Y ARTÍCULOS
Cuando Ramón Gaya pintaba en 'La Verdad'

El artista dejó en las páginas del periódico dibujos de sus años jóvenes y artículos llenos de tradición y poesía

Cuando Ramón Gaya pintaba en 'La Verdad'

Algunos de los dibujos de un joven Ramón Gaya, que publicó en los suplementos extraordinarios de 'La Verdad' de los años 1928 y 1929.

 

Las misiones pedagógicas, un proyecto educativo netamente republicano dirigido a desterrar el analfabetismo y sembrar cultura en los lugares más alejados, cautivaron a un joven pintor de 23 años llamado Ramón Gaya. Él está presente, por ejemplo, en Beniaján, en mayo de 1934, y en junio, en San Pedro del Pinatar, junto a Luis Cernuda y Sánchez Barbudo. 'La Verdad' de entonces informaba sobre la actuación de los «jóvenes adelantados de esta expedición de cultura, que tendrá como premio para ellos la íntima satisfacción de ver fructificar, en un mañana quizá no remoto, esta noble semilla del saber, que hoy van esparciendo por los pueblos de España». El periódico incidía en «la mano maestra del pintor Gaya, cuando señala detalles de belleza en un cuadro del magistral Velázquez o de Goya, el inmortal». Se refería a las copias, para mostrarlas a las gentes, que Gaya hacía sobre cuadros de estos grandes pintores.

La mano maestra de Gaya también estuvo presente en las páginas de dos suplementos extraordinarios, los de los años 1928 y 1929, de 'La Verdad'. En ellos quedan, entre otros, dibujos sobre las cuatro estaciones del año, que representaban el almanaque anual que en el suplemento se incluía; y se encuentran otros dibujos, que ilustran los escritos de los colaboradores literarios.

Pero la pluma de Ramón Gaya no faltó en los números ordinarios de 'La Verdad', al menos en dos ocasiones: una, el 19 de septiembre de 1928, para comentar los cuadros, expuestos en un escaparate, de un notable pintor, hoy olvidado, Francisco Fuentes; otra, el 8 de junio, para polemizar con duros argumentos frente al ilustre pintor Sánchez Picazo. Sin embargo, será en la página de 'Artes y Letras' de los años treinta -en la que también aparecen frecuentemente los nombres de Miguel Hernández, Carmen Conde, Oliver Belmás, Andrés Cegarra, Rodríguez Cánovas…-, en la que Ramón Gaya estamparía su firma con variados comentarios, algunos inolvidables por su poesía, por el tema y por el trato.

El primer artículo de Gaya en esta página artístico-literaria está publicado el 29 de junio de 1933, y dedicado a su amigo, el pintor Luis Garay, a propósito de una exposición en Alicante, «a donde ha llevado sus colores claros, tenues, frescos». Y añadía: «He crecido a su lado y no me detenía nunca a mirarle»; sobre su obra, Gaya opinaba que aparece «traspasada por ese temblor fino de la duda, de la humildad tan alta, de lo simple, de la verdad pequeña; por eso es tan humana y viva». Reproduciría 'La Verdad' otro artículo de Gaya sobre Garay, publicado en la revista 'Luz', y titulado 'Luis Garay en su palomar': «Entrar en casa de Garay es como subir a un palomar, donde los cuadros viven, donde los cuadros tienen un latido suave, donde los cuadros despiden luz como un cielo que pasa o una paloma».

Ya dentro de la serie que el pintor bautizaría como 'Lazos de retorno', escribe sobre su reencuentro con Murcia, a la que vuelve «con esa tristeza de volver, que es hoy nuestra alegría». Escribe sobre una «Murcia muda», donde todo está cerrado; sobre el Café del Sol y el Café del Arenal y «sobre mi propio cuerpo lejos, ceniza yacente en paz». En 'Ángel polvoriento' evoca de nuevo a Murcia, donde «lo más bello es el polvo», y donde «la Puerta del Perdón y el Palacio Episcopal han ganado mucho con esa caricia blanca». Afirma que «el Segura no es de agua, sino de tierra encendida» y que «el verdadero río de Murcia es el Malecón». Gaya se emociona con la visión de la Verónica de Salzillo y con la Dolorosa de la mañana del Viernes Santo.

Otro de sus artículos está dedicado a describir su visita al Museo de Bellas Artes, donde contempla las obras de Sobejano, Alcaraz, Rosales -«lo único que puede mirarse después de Goya»-, Tejeo… Sobre el 'Viático en la huerta', de Gil de Montejano se pregunta: «¿Por qué estará aquí? ¿Es que no sabe el director que es lo más emocional que encierra su museo?». En 'Dibujo sentimental' describe el tránsito de carros y camiones, sobre los que siempre viaja el perro, que soporta el sol y los ladridos de otros perros. Pero Gaya lo que quiere es expresar su odio «a camiones y carros, y a esos hombres brutos que llevan el volante y que han roto la pausa de la siesta, sin tener en cuenta que en Murcia todo era tartana». Es una preciosidad el texto dedicado al pintor Rosales, «asomado a Murcia, para alargar la muerte», y quien subía a la Fuensanta para pintar naranjos o un burro quieto. Sabido es que el famoso pintor vivió durante un tiempo en Murcia, buscando un mejor clima para sobrellevar o mejorar su estado de enfermo tuberculoso.

«Voces como lirios»

De un sentimiento enormemente entrañable es el texto que Gaya dedica a los auroros, cuyas voces le parecen «como grandes lirios del campo, como magnolias duras, como fuertes brazos». Y definía a estos cantores de la huerta como «troncos salvajes (…). Nos pareció ver vuestra voz hundirse en la tierra al compás del amanecer».

Raimundo de los Reyes, redactor de 'La Verdad' y director de la revista 'Sudeste', es el protagonista de una carta, en la que Gaya glosa los poemas de 'Elegía', «libro que emociona», con versos que «son como niños descalzos». La pintora Sofía Morales también merece la atención de Gaya. Para él, la pintora era una artista con intuición, que no se preocupó de explotarla, sino que «se abandona a esas extrañas dotes que ella tiene de médium viva y alegre». Y, como remate, uno de los artículos más emocionantes, que lleva por título la simplicidad de 'El ángel'. Se nota claramente a qué ángel se refiere Gaya, aunque antes vaya citando esos otros ángeles que «no tienen corazón», o los que pintara El Greco, Fray Angélico, Miguel Ángel… Gaya escribe sobre el ángel de 'La oración del huerto de Salzillo, «un ángel huertano. Pequeño y simple, parece que viene de la huerta a ser ángel (…) Vive en la huerta, debajo de cada techo».

Los artículos de Ramón Gaya en las páginas de 'Artes y Letras' de 'La Verdad' son un compendio de belleza, un canto constante al arte y una muestra de poesía en prosa. Lo extraño es que, aunque se hayan recopilado para sus obras completas, a nadie se le haya ocurrido editarlos, como un resumen de la belleza de Murcia, de sus personajes y de sus tradiciones.

 

 

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